De los túneles de oro a los camiones autónomos: así cambia la minería en el corazón de la Amazonía

En el corazón de la Amazonía brasileña, el estado de Pará, que será sede de la COP30 de las Naciones Unidas sobre cambio climático en Belém, concentra los extremos de la historia minera del país: la época dorada del garimpo y la era digital de la minería automatizada.

Frente a su deteriorada casa de madera en Serra PeladaLucindo Lima, de 72 años, canta con voz melancólica sobre las riquezas que nunca logró hallar en el yacimiento que marcó una época en los años 80.

“Bajo esas montañas están escondidas nuestras riquezas”, entona Lima, evocando el legendario auge del oro que atrajo a miles de personas y quedó inmortalizado por las fotografías en blanco y negro de Sebastião Salgado.

Serra Pelada: el sueño dorado que se convirtió en ruina

El auge comenzó en 1979, cuando una avalancha humana excavó con sus propias manos una enorme fosa en busca de oro. Las imágenes de Salgado, con miles de hombres cubiertos de barro trepando por paredes empinadas, dieron la vuelta al mundo y mostraron la brutalidad de un trabajo casi medieval.

A medida que las vetas se agotaban y el pozo se inundó, las autoridades cerraron la mina en 1992, dejando un cráter de agua turbia que se convirtió en símbolo del exceso y la desigualdad en los pueblos mineros de la Amazonía.

Aun así, algunos garimpeiros siguen excavando en la oscuridad, aferrados al sueño que los trajo décadas atrás.

“Estamos a unos 25 o 26 metros de profundidad”, dice Cícero Pereira Ribeiro, sosteniendo un pico en una de las galerías subterráneas.

“Todavía no despertamos de este sueño”, agrega Antônio Luis, quien llegó a Serra Pelada en 1981.

Carajás: del oro al hierro con inteligencia artificial

A solo dos horas de allí, se levanta una nueva “reina de los metales”: Carajás, la mina de hierro a cielo abierto más grande del mundo, operada por la gigante Vale S.A.

Mientras la bonanza de Serra Pelada se convirtió en nostalgia, Carajás genera cada año nueve veces más riqueza que toda la extraída en Serra Pelada, incluso ajustando los precios del oro a valores actuales.

La diferencia no es solo económica, sino tecnológica. Vale ha desplegado en Carajás camiones autónomos y sistemas basados en inteligencia artificial, marcando el paso de la minería artesanal a la automatización total.

“Los camiones autónomos pueden generar hasta un 15% más de eficiencia operativa, es decir, 15% más horas trabajadas”, explicó Gildiney Sales, director del Corredor Norte de Vale.

La compañía planea invertir 70 mil millones de reales (US$13 mil millones) entre 2025 y 2030 en tecnología, logística y sostenibilidad en el norte de Brasil.

Dos rostros de la minería amazónica

El estado de Pará refleja los dos extremos de la minería en la Amazonía: por un lado, el avance tecnológico de la gran minería industrial; por otro, la persistencia del garimpo informal, que ha devastado ríos, contaminado con mercurio y acelerado la deforestación.

Vale ha prometido preservar 800 mil hectáreas de bosque alrededor de Carajás —un área cinco veces mayor que la ciudad de São Paulo—, mientras que los mineros artesanales se internan por rutas precarias y ríos clandestinos en busca del oro que se resiste a desaparecer.

Así, el contraste entre el pico y la inteligencia artificial resume el dilema que enfrenta Brasil en vísperas de la COP30: cómo conciliar su legado extractivo con un futuro sostenible y de bajas emisiones.

Entre la nostalgia y la modernización

Para los veteranos como Lucindo Lima, Serra Pelada sigue siendo un mito.

“Esta fue la reina de los metales”, canta, mirando hacia el pozo inundado. “Aquí construimos nuestros sueños”.

Mientras Brasil se prepara para recibir a líderes del mundo en la COP30, las colinas de Pará se erigen como un símbolo de advertencia y esperanza: donde los sueños mineros del pasado se encuentran con las ambiciones tecnológicas del futuro.

Fuente: Reporte Minero