Innovación en lixiviación: química verde y bio-lixiviación abren nuevas rutas para la minería nacional

La lixiviación es uno de los procesos clave en la metalurgia extractiva, al permitir la disolución selectiva de metales valiosos desde matrices sólidas hacia soluciones líquidas. En Chile, este proceso ha estado históricamente asociado al uso de ácido sulfúrico en medios acuosos, especialmente en la producción de cobre. Sin embargo, la industria enfrenta hoy el desafío de avanzar hacia tecnologías más eficientes y ambientalmente sostenibles.

Del ácido sulfúrico a medios clorurados

Según explicó Pia Hernández Avendaño, directora del Departamento de Ingeniería Química y Procesos de Minerales de la Universidad de Antofagasta, la lixiviación tradicional ha comenzado a transitar hacia medios clorurados, incorporando agua de mar, salmueras y cloruros como alternativas al uso exclusivo de agua dulce. Este cambio responde tanto a restricciones hídricas como a la necesidad de mejorar la solubilidad de ciertos minerales en condiciones más controladas.

Otra vía tecnológica relevante es la bio-lixiviación, que utiliza microorganismos —como bacterias y hongos— para facilitar la disolución de metales. Aunque esta tecnología cuenta con más de tres décadas de desarrollo y ha sido aplicada tanto en Chile como a nivel internacional, su adopción masiva ha sido limitada por altos tiempos de proceso y la necesidad de mantener condiciones ambientales estrictas, como temperatura y nutrientes, lo que eleva los costos operacionales.

Química verde y nuevos solventes emergentes

En paralelo, la investigación metalúrgica avanza hacia la química verde, mediante el desarrollo de solventes menos tóxicos, no cancerígenos y con mayor biodegradabilidad. Entre estas alternativas se encuentran los líquidos iónicos, los solventes eutécticos profundos y el uso de aminoácidos, estos últimos ya con procesos patentados. Estas soluciones buscan reducir el impacto ambiental del proceso extractivo sin sacrificar eficiencia metalúrgica.

Desde una perspectiva de madurez tecnológica, los líquidos iónicos y solventes eutécticos profundos se encuentran actualmente en niveles TRL 3 a 4 dentro de la metalurgia, es decir, en etapas de laboratorio. En cambio, los procesos basados en aminoácidos presentan un mayor grado de avance. El desafío central es avanzar desde resultados experimentales hacia plantas piloto y pruebas industriales, condición indispensable para su validación económica y operativa.

Desafíos técnicos y económicos pendientes

Entre las principales barreras identificadas se encuentran la alta viscosidad de algunos reactivos, las dificultades de manejo operacional y la necesidad de extender su vida útil mediante múltiples ciclos de reutilización, dado que aún presentan costos superiores a los reactivos tradicionales. A ello se suma la incertidumbre respecto al ciclo de vida completo de estos solventes dentro de un proceso metalúrgico continuo.

El desarrollo de estas tecnologías requiere, además, un cambio cultural en la industria minera. La reticencia a probar soluciones innovadoras se explica por los riesgos asociados a capital e inversión, pero mantener esquemas tradicionales limita la capacidad de adaptación del sector. En este escenario, el avance de la investigación aplicada desde universidades chilenas y su articulación con pruebas controladas en la industria aparece como un factor clave para destrabar la incorporación de nuevas tecnologías en la minería del futuro.

Fuente: Reporte Minero