Trump endurece embargo a Cuba y deja a Sherritt en la cuerda floja

La política exterior agresiva del segundo mandato de Donald Trump ha puesto en jaque a Sherritt International Corp., la empresa minera canadiense de casi 99 años que apuesta su futuro a operaciones de níquel y cobalto en Cuba. Tras la expansión de sanciones estadounidenses contra la isla caribeña en mayo, la compañía anunció planes para disolver su venture minero con el estado cubano, pero días después dio un giro inesperado.

Un potencial rescatador emergió el miércoles pasado: Gillon Capital LLC, una oficina familiar de Dallas vinculada a Ray Washburne, ejecutivo inmobiliario designado por Trump en 2017 para liderar la Corporación de Inversión Privada en el Exterior. La firma firmó un acuerdo preliminar no vinculante que le otorgaría una participación controladora en Sherritt, en una maniobra que subraya los riesgos geopolíticos para empresas mineras con activos concentrados fuera de Estados Unidos.

Operaciones críticas en riesgo

Cuba representa más del 70% de la base de activos de Sherritt, fundamentalmente a través de su participación en la mina Moa, ubicada en el oriente de Cuba, que produce níquel y cobalto—metales clave para la transición energética y centros de datos globales. La empresa también opera activos en energía eléctrica, petróleo y gas natural en asociación con empresas estatales cubanas desde los años noventa.

La situación se agravó cuando los bloqueos estadounidenses a exportaciones venezolanas cortaron los suministros de combustible a Cuba. En febrero, Sherritt anunció la pausa de operaciones en Moa por imposibilidad de cumplir entregas programadas de combustible. Sin inventario de níquel y cobalto, la refinería en Alberta, Canadá, completaría sus existencias en junio, según reportes de la compañía.

Peter Hancock, CEO interino de Sherritt, explicó en entrevista que la propuesta de Gillon surgió inesperadamente: «Salió de la nada. No soy un genio de los negocios que previó que una entidad estadounidense viera valor en la situación de Sherritt. Pero esta operación ocurrió porque un actor en Estados Unidos logró convencer al Departamento de Estado».

Historia de una apuesta de alto riesgo

Sherritt fue fundada en 1927 y nombrada en honor a Carl Sherritt, un trapero que exploró depósitos de cobre en Manitoba. Su entrada a Cuba fue orquestada por Ian Delaney, CEO tras una batalla proxy en 1990, quien aseguró un acuerdo con el gobierno castrista en 1991. El estado cubano acordó venderle níquel sin refinar desde Moa, mina nacionalizada tras la revolución de 1959.

En 1994, Sherritt formalizó un joint venture para operar Moa, transformándose en proveedora crítica de materias primas para su refinería en Alberta. La capitalización de mercado de Sherritt alcanzó casi CAD 5 mil millones (USD 3.6 mil millones) en 2008, con acciones cotizando hasta CAD 18. Fue la primera empresa en ser sancionada bajo la Ley Helms-Burton de 1996, aunque Canadá y Europa mantuvieron relaciones comerciales, permitiendo que Sherritt vendiera a esos mercados y Asia.

Pero una costosa apuesta en un proyecto de níquel en Madagascar drenó sus finanzas, acumulando deuda de casi CAD 2.5 mil millones en 2013. La posterior caída de precios de níquel profundizó la crisis. Obligada a vender activos canadienses incluyendo carbón, la empresa quedó rehén de Cuba para financiar servicio de deuda.

Cuando Venezuela colapsó, Cuba fue el siguiente objetivo

Cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en enero, inversionistas especularon que Cuba sería el siguiente blanco de la administración Trump. A diferencia de Chevron, que diversificó activos en Venezuela post-Maduro, Sherritt carecía de esa protección. Con más del 70% de su base de activos en Cuba, la empresa enfrenta riesgos existenciales.

La refinería de Fort Saskatchewan en Alberta es una de las pocas instalaciones de procesamiento de níquel en Norteamérica, lo que le otorga importancia estratégica creciente en contextos de construcción de cadenas de suministro crítico fuera de China, según analistas de Northstream Capital.

Canada estableció en 2024 una política para dificultar que inversionistas extranjeros tomen control de activos de minerales críticos. La posible aprobación del regulador canadiense al ingreso de Gillon—vinculada a Trump—podría complicarse en ese contexto geopolítico.

Sherritt opera con apenas dos directores tras renuncias recientes, mientras su CFO y auditor también partieron. La empresa cotiza como penny stock con capitalización cercana a CAD 80 millones. Sin respuesta clara sobre si Cuba normalizará relaciones bajo Trump, el futuro de Sherritt permanece en suspenso, dependiendo de negociaciones que trascienden meramente comerciales para tocar dimensiones de soberanía energética, geopolítica hemisférica y control de minerales críticos.

Fuente Reporte Minero