Un estudio de Cochilco determinó que, por cada US$1 de PIB generado directamente por la minería en 2023, se produjeron cerca de US$0,8 adicionales en otros sectores. Servicios empresariales, construcción, transporte, comunicaciones e información concentran una parte relevante del
La minería chilena mantiene una significativa capacidad para dinamizar otras actividades económicas mediante sus compras de bienes y servicios, sus inversiones y la demanda de capacidades especializadas. De acuerdo con una nueva medición de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), el multiplicador del PIB minero alcanzó aproximadamente 1,8 veces en 2023.
En términos prácticos, esto significa que por cada US$1 de Producto Interno Bruto generado directamente por la actividad minera, se produjeron cerca de US$0,8 adicionales de PIB en otros sectores de la economía nacional.
El análisis también estimó que, durante 2023, la minería generó entre 2,4 y 3,5 empleos por cada empleo directo ampliado, indicador que considera a trabajadores propios y contratistas. El promedio entre ambos escenarios metodológicos se situó en tres empleos generados por cada puesto directo ampliado minero.
Los resultados forman parte del estudio “Medición de Encadenamientos Productivos de la Industria Minera en Chile”, elaborado por la Dirección de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco. El documento actualiza mediciones anteriores mediante la información más reciente de las Matrices Insumo-Producto publicadas por el Banco Central de Chile.
Impacto indirecto alcanzó US$27.070 millones en 2023
Durante 2023, el PIB directo de la minería llegó a US$34.744 millones, mientras que sus efectos indirectos totalizaron US$27.070 millones.
De esa cifra, US$15.872 millones estuvieron asociados al consumo intermedio, es decir, a las compras habituales de bienes y servicios requeridos por las operaciones mineras. Otros US$11.198 millones correspondieron a los efectos vinculados con la inversión.
La relación entre el PIB indirecto y el PIB directo llegó a 0,78. Este resultado dio origen al multiplicador de 1,8 veces estimado para el sector.
El indicador evidencia que el aporte económico de la minería no se limita a la extracción y procesamiento de minerales. Su actividad también moviliza empresas de transporte, energía, construcción, ingeniería, mantenimiento, maquinaria, comercio y servicios profesionales.
Cuando una operación minera aumenta su producción, desarrolla un proyecto o amplía su demanda de insumos, parte de ese impulso se transmite hacia las empresas proveedoras y otras actividades que participan en su cadena de valor.
Efectos indirectos aumentaron frente a 2022
El efecto indirecto total estimado para 2023 superó los US$23.587 millones registrados durante 2022.
En ese año, el PIB directo de la minería llegó a US$40.323 millones y el multiplicador se situó en 1,6 veces. Aunque el valor directo disminuyó durante 2023, la relación entre la actividad minera y sus proveedores mostró un mayor efecto relativo sobre el resto de la economía.
La evolución del multiplicador no ha sido uniforme durante la última década. En 2013 se ubicó en 1,8 veces, mientras que en 2019 alcanzó 1,9 veces, el nivel más alto del periodo analizado.
Durante 2020 descendió a 1,6 veces y en 2021 bajó a 1,5 veces. Posteriormente se recuperó hasta 1,6 en 2022 y 1,8 en 2023.
Estas variaciones responden tanto al comportamiento del PIB directo minero como a los cambios en el consumo intermedio, la inversión y la estructura de relaciones entre los diferentes sectores económicos.
Servicios empresariales lideran el efecto de arrastre
La desagregación sectorial muestra que los efectos indirectos de la minería se concentran principalmente en actividades que cumplen funciones esenciales para su operación y crecimiento.
Entre las más relevantes se encuentran los servicios empresariales, la construcción y el conjunto integrado por transporte, comunicaciones y servicios de información.
Los servicios empresariales incluyen capacidades profesionales, técnicas, administrativas y de apoyo que son utilizadas regularmente por las compañías mineras y sus contratistas.
La construcción, en tanto, desempeña un papel central en el desarrollo de proyectos, ampliaciones, infraestructura, montaje y reposición de activos.
El transporte y los servicios de información permiten movilizar insumos, equipos y producción, además de sostener los sistemas tecnológicos y de comunicación necesarios para las faenas.
Según Cochilco, esta estructura demuestra que una parte importante del impacto minero se concentra en actividades proveedoras especializadas, intensivas en logística, ingeniería, conocimiento y capacidades técnicas.
Operación e inversión generan efectos diferentes
El estudio analiza los encadenamientos productivos de la minería a través de dos canales principales: el consumo intermedio y la inversión.
El consumo intermedio corresponde a las compras recurrentes que necesita una operación para mantener su continuidad productiva. Incluye energía, combustibles, transporte, mantenimiento, servicios especializados, comercio e insumos.
Debido a su vínculo con la operación cotidiana, este componente presenta una evolución relativamente más estable.
La inversión minera, por el contrario, está asociada a la construcción de proyectos, adquisición de maquinaria, obras de infraestructura, ingeniería, montaje y reposición de capital.
Su impacto tiende a variar con mayor intensidad, debido a que depende del ciclo de inversiones, la cartera de proyectos y la composición de los bienes y servicios requeridos en cada periodo.
En 2023, el efecto indirecto asociado al consumo intermedio llegó a US$15.872 millones, mientras que el correspondiente a inversión alcanzó US$11.198 millones.
En comparación, durante 2022 estos componentes sumaron US$14.138 millones y US$9.449 millones, respectivamente.
Minería del cobre mantiene un rol central
El informe también examina específicamente los encadenamientos de la minería del cobre, considerando su peso dentro del PIB minero nacional.
Cochilco concluyó que esta actividad mantiene una elevada capacidad de arrastre, principalmente mediante su demanda operacional de bienes y servicios.
Debido a que el cobre representa la mayor parte del PIB de la minería chilena, su desempeño incide directamente en el impacto agregado del sector sobre la economía.
El análisis detallado permite identificar los vínculos entre las operaciones cupríferas y los sectores proveedores, entregando antecedentes para orientar políticas de desarrollo productivo y fortalecer la oferta nacional de soluciones mineras.
La importancia de este segmento también plantea oportunidades para elevar el contenido local, sofisticar los bienes y servicios disponibles y promover proveedores con mayores capacidades tecnológicas.
Minería generó hasta 3,5 empleos por cada puesto directo ampliado
En materia laboral, el estudio presenta un rango de estimación asociado exclusivamente a los encadenamientos derivados del consumo intermedio.
La metodología considera dos escenarios. El primero, denominado “sin autoinducción”, contabiliza los puestos generados en sectores diferentes de la minería.
El segundo, “con autoinducción”, incorpora además el empleo estimado dentro del propio sector minero mediante la Matriz Insumo-Producto.
Para 2023, el escenario sin autoinducción arrojó una relación de 2,4 empleos generados por cada empleo directo ampliado minero. La estimación con autoinducción llegó a 3,5 puestos.
El promedio entre ambos escenarios fue de tres empleos generados por cada empleo directo ampliado.
Cochilco advierte que este promedio no constituye una medición independiente, sino una referencia intermedia entre una estimación conservadora y otra ampliada.
Para efectos del cálculo, el empleo directo ampliado considera tanto a los trabajadores propios de las empresas mineras como a sus contratistas.
Relación laboral se mantiene elevada desde 2020
La relación promedio de empleos generados aumentó desde 2,6 puestos por cada empleo directo ampliado en 2016 hasta 3,1 durante 2020 y 2021.
En 2022 descendió a 2,9 y en 2023 volvió a situarse en tres empleos.
El escenario sin autoinducción pasó de 2,1 puestos en 2016 a 2,4 en 2023. La relación con autoinducción avanzó desde 3,1 hasta 3,5 empleos durante el mismo periodo.
Estos resultados muestran que el impacto laboral de la minería se extiende hacia empresas proveedoras, contratistas y actividades que participan en el funcionamiento de las operaciones.
La estimación, sin embargo, no incluye los empleos vinculados específicamente a la inversión minera. Por esta razón, los resultados laborales corresponden únicamente a los efectos derivados del consumo intermedio.
Minería exhibe encadenamientos hacia atrás cercanos al promedio
Desde una perspectiva estructural, Cochilco determinó que la minería presenta un encadenamiento hacia atrás cercano al promedio de la economía.
Este indicador mide la capacidad de un sector para activar otras actividades mediante la compra de insumos, servicios y equipamiento.
El resultado confirma que la demanda minera genera un efecto relevante sobre sus proveedores y sobre las empresas que forman parte de su cadena productiva.
En contraste, los encadenamientos hacia adelante se mantienen bajos. Esto refleja que una proporción importante de la producción minera es exportada o continúa su procesamiento fuera del sistema productivo interno.
Esta característica explica que el estudio concentre su análisis en los efectos “aguas arriba”, es decir, en las consecuencias económicas generadas por las compras y la inversión de la minería.
Resultados aportan antecedentes para políticas públicas
Cochilco destacó que la medición puede contribuir al diseño y evaluación de instrumentos orientados al fortalecimiento de proveedores, la innovación, la formación de capital humano y la infraestructura habilitante.
La identificación de las actividades con mayor vinculación permite focalizar iniciativas en sectores donde la capacidad de arrastre es más significativa.
También entrega información para evaluar oportunidades destinadas a aumentar el contenido local, sofisticar la oferta de bienes y servicios y desarrollar capacidades productivas nacionales.
El documento aporta, además, antecedentes para monitorear la Meta 14 de la Política Nacional Minera 2050, relacionada con el incremento de la contribución al PIB de los bienes y servicios asociados a la minería.
Estudio advierte limitaciones metodológicas
El organismo precisó que los resultados deben entenderse como una medición estructural de los encadenamientos económicos y no como una estimación causal de corto plazo.
La metodología se basa en el modelo insumo-producto y en la matriz inversa de Leontief, herramientas que permiten representar las relaciones de compra y venta entre sectores, así como estimar efectos directos e indirectos.
Este enfoque facilita la comparación entre periodos y la identificación de sectores estratégicos, pero no captura completamente los ajustes dinámicos de la economía.
Entre sus limitaciones se encuentran los cambios tecnológicos, la sustitución de proveedores, las restricciones de oferta, las diferencias territoriales y los efectos distributivos. Pese a estas restricciones, Cochilco señaló que el análisis entrega una base actualizada y metodológicamente consistente para comprender el papel de la minería como motor de encadenamientos productivos en Chile.
Fuente: Reporte minero
