El cobre chileno enfrenta una paradoja económica en 2026: mientras alcanza precios récord de US$6,39 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, con un promedio de US$5,86 c/lb según Cochilco, la industria se debate entre oportunidades de ganancia y riesgos estructurales de sustitución que podrían comprometer la demanda de largo plazo.
Gustavo Lagos, académico especialista en minería de la Universidad Católica, analiza esta dinámica compleja en un contexto donde las presiones sobre costos de insumos críticos —combustible y ácido sulfúrico— erosionan márgenes operacionales al tiempo que benefician las arcas fiscales con mayores recaudaciones tributarias.
Ganancia extraordinaria y tributación
El experto destaca que el diferencial de precio entre 2026 y 2025 es significativo. El año pasado el cobre promedió US$4,51 c/lb, mientras que este año alcanza US$5,86 c/lb, una diferencia de US$1,33 c/lb que fluye casi íntegramente a utilidades netas considerando costos operacionales estables.
Lagos precisa que las diez mayores productoras de cobre pagaron el 49,9% de impuestos totales respecto a ganancias antes de impuesto, lo que significa que aproximadamente la mitad de las utilidades extraordinarias van a la empresa y la otra mitad al fisco chileno.
El riesgo latente: sustitución por aluminio
Sin embargo, los precios elevados conllevan un riesgo industrial crítico: si el cobre escala a US$7 por libra, la sustitución por materiales alternativos se intensificaría significativamente, especialmente por aluminio, que es el principal sustituto en transmisión eléctrica, disipación de calor y conducción de electricidad.
«En los niveles actuales entre 5 y 6 US$/lb ya hay sustitución y esta no debiese aumentar con respecto a años anteriores. Si el precio del cobre sube más, por ejemplo a 7 US$/lb, la sustitución podría ser mayor especialmente respecto del aluminio», sostiene Lagos en su análisis del escenario de riesgo para la industria minera chilena.
Productividad bajo presión durante el auge
El académico advierte también sobre un comportamiento contracíclico de la industria: durante períodos de precios altos, las empresas priorizan aumentar producción antes que contener costos, lo que típicamente reduce la productividad operacional, un dilema que beneficia el empleo pero postergue mejoras de eficiencia.
«Cuando hay auges de precio a las empresas les conviene aumentar la producción para ganar más. Los costos también aumentan, pero nunca en la proporción que aumenta el precio y además lo hacen tardíamente, por lo que la única política es aumentar la producción», explica Lagos. Contrariamente, cuando los precios caen, las empresas recortan costos y reajustan la producción, generalmente descontinuando operaciones más costosas, movimiento que genera tensión con los sindicatos.
Insumos críticos: el talón de Aquiles
Paralelamente a los precios récord del cobre, la escasez de ácido sulfúrico y la volatilidad del precio del combustible crean presiones contrapuestas que erosionan la rentabilidad sectorial.
«El precio del combustible hace subir todos los costos de producción, ya que todos los insumos utilizan energía en su fabricación y transporte. La escasez de ácido sulfúrico le pega fuerte al precio, aumentándolo, y es uno de los componentes principales de las operaciones de lixiviación», sostiene el especialista.
Este escenario genera un impacto fiscal negativo para el país: «Las empresas ganan menos y el gobierno recibe menos impuestos, un golpe muy fuerte a Chile», advierte Lagos en su evaluación del efecto neto sobre las finanzas públicas mineras.
Contexto geopolítico amplificado
La tensión geopolítica global exacerba estas presiones. Mientras la mayoría de los países absorben costos elevados de petróleo y gas natural derivados del conflicto en Oriente Medio, otras fricciones geopolíticas como la tensión China-Estados Unidos permanecen en suspenso a la espera de resoluciones en conflictos prioritarios.
Esta coyuntura deja a la industria minera chilena expuesta a volatilidades simultáneas: precios de cobre en máximos históricos contrastando con presiones de costos de insumos, escenario que demanda gestión operacional sofisticada para maximizar la ventana de rentabilidad extraordinaria sin comprometer competitividad de largo plazo ante riesgos de sustitución tecnológica.
Fuente Reporte Minero

