En su columna en El Mercurio, el director ejecutivo de Plusmining analiza por qué el cobre está siendo tratado cada vez más como un activo financiero —casi como el oro— y qué riesgos y oportunidades implica esto para Chile.
Durante décadas, el cobre fue considerado un termómetro confiable del ciclo económico global. Sin embargo, ese rol está cambiando.
En su reciente columna publicada en «El Mercurio», el director ejecutivo de Plusmining y experto en economía de minerales, Juan Carlos Guajardo, aborda un fenómeno que ha tomado fuerza en los mercados globales: la creciente percepción del cobre como un activo financiero comparable al oro. Su argumento central es que el metal rojo está viviendo una fase distinta, donde su valor ya no se explica únicamente por los fundamentos tradicionales de oferta y demanda, sino también por dinámicas propias de los mercados de capitales.
Guajardo explica que este cambio se ha vuelto evidente en las últimas semanas, cuando el precio del cobre mostró fuertes saltos, récords históricos y también caídas bruscas. No se trata únicamente de variaciones en la demanda física, sino de un movimiento financiero global donde inversionistas buscan “activos reales” frente a un escenario de incertidumbre económica, inflación persistente y tensiones geopolíticas.
Ese interés se refleja en cifras: solo en 2025, la posición abierta en metales básicos en la Bolsa de Metales de Londres aumentó en más de US$32 mil millones, y cerca de la mitad de esos flujos se fue directamente al cobre. Para Guajardo, este es un síntoma claro de que el metal está entrando en un ciclo donde pesa cada vez más el capital financiero.
El riesgo, advierte, es que esta narrativa del cobre como “activo refugio” detone fenómenos típicos de la especulación masiva. El ejemplo más reciente fue la plata, cuyo precio se desplomó más de 30% en un solo día sin que hubiese cambios relevantes en su demanda real: bastó una salida sincronizada de inversionistas para provocar una caída histórica.
Aun así, Guajardo recuerda que los fundamentos del cobre siguen siendo extremadamente sólidos: faltan nuevos proyectos, las leyes del mineral caen, los costos suben y la demanda asociada a electrificación y energías limpias no deja de crecer. Pero incluso con fundamentos firmes, dice, un mercado “financierizado” puede volverse mucho más inestable.
Para Chile, esta dualidad representa tanto una oportunidad extraordinaria como un desafío complejo. Los precios altos generan ingresos excepcionales, pero también exponen a la economía a fluctuaciones mayores. Por eso, Guajardo recalca la importancia de fortalecer los fondos de estabilización fiscal y transformar ingresos transitorios en activos duraderos que beneficien al país en el largo plazo.
La conclusión del experto es clara: aunque el cobre sea el pilar material de la economía del futuro, tratarlo como un refugio financiero lo expone a riesgos propios de ese mundo. Chile debe reconocer esta dualidad y prepararse para administrar la bonanza en un entorno más volátil que nunca.

