Chile, principal productor de cobre a nivel mundial, enfrenta un desafío estructural que tensiona su desarrollo minero: la creciente escasez hídrica en las zonas donde se concentran los yacimientos. En este contexto, la desalinización de agua de mar se ha posicionado como una de las principales alternativas para asegurar la continuidad operativa del sector. Sin embargo, su expansión no está exenta de controversias.
Un estudio publicado en la revista The Extractive Industries and Society, llamado “Desalination investment for copper mining: Barriers and opportunities in Chile” examina en profundidad las barreras y oportunidades asociadas a la inversión en infraestructura de desalinización para la minería del cobre en Chile, a partir de un enfoque de “nexo minería-agua-clima” y la consulta directa a actores clave del ecosistema minero, regulatorio, académico y financiero.
Desalinización como oportunidad estratégica para la minería
Entre los principales beneficios identificados, el estudio destaca la capacidad de la desalinización para desacoplar la actividad minera de la disponibilidad de agua dulce continental, permitiendo una mayor independencia operativa en un escenario de sequía prolongada. Esta característica es especialmente relevante considerando que más del 90% de las minas actuales y proyectadas en Chile se ubican en zonas de alto o muy alto estrés hídrico.
Asimismo, los participantes del estudio coinciden en que la desalinización podría reducir los conflictos socioambientales con comunidades locales, al disminuir la competencia por recursos hídricos escasos, y contribuir a mejorar la “licencia social para operar” de la industria. En un plano más estructural, se reconoce el potencial de estas inversiones para aportar a soluciones de escasez hídrica más amplias, siempre que se diseñen con una lógica multipropósito.
Barreras regulatorias, sociales y ambientales
Pese al consenso sobre sus beneficios potenciales, el estudio advierte que la expansión de la desalinización enfrenta importantes obstáculos. El principal de ellos es la incertidumbre regulatoria y política, señalada transversalmente por los distintos grupos de interés como un factor que eleva el riesgo de inversión y ralentiza el desarrollo de nuevos proyectos.
A esto se suma la falta de aceptación social en ciertos territorios costeros, asociada principalmente a los impactos ambientales de la infraestructura, como la disposición de salmuera, el consumo energético y la alteración de ecosistemas marinos. En este punto, el análisis revela una brecha significativa de percepción entre actores del sector minero y stakeholders externos, especialmente en la evaluación de los riesgos ambientales.
Claves para una expansión sostenible
El estudio identifica además una serie de condiciones prioritarias para avanzar hacia una desalinización más sostenible en la minería. Entre ellas destacan la integración de energías renovables en las plantas desaladoras, el fortalecimiento de los procesos de evaluación ambiental y la incorporación explícita de la aceptación social en la planificación de proyectos.
Asimismo, se plantea la necesidad de que la expansión de la desalinización esté acompañada por una reducción efectiva y proporcional del uso de agua dulce, evitando que el agua desalada se convierta solo en un complemento que incremente el consumo total del sector.
En conclusión, la investigación sugiere que la desalinización puede transformarse en un pilar estratégico para la minería del cobre en Chile, pero solo si se aborda desde una mirada sistémica que integre gobernanza, sostenibilidad ambiental y legitimidad social. De lo contrario, las mismas tensiones que hoy afectan al recurso hídrico podrían trasladarse a esta nueva infraestructura crítica para la transición energética global.
Fuente: Reporte Minero

