Venezuela vuelve a entrar al radar de compañías e inversionistas mineros tras el cambio político que siguió a la captura de Nicolás Maduro en una operación de Estados Unidos, según reportes internacionales. Sin embargo, expertos coinciden en que el país —pese a su abundante dotación geológica— enfrentará barreras estructurales que dificultan una reactivación minera rápida: infraestructura deteriorada, dominio estatal, inseguridad en zonas extractivas, datos incompletos y un historial de expropiaciones y arbitrajes.
Geología fuerte, pero el problema no es el subsuelo
Analistas citados por el medio canadiense The Northern Miner señalan que Venezuela cuenta con reservas considerables de oro, hierro y carbón, además de proyectos históricos hoy inactivos o “dormidos” tras haber sido tomados por el Estado en la última década.
El geólogo Phillip Mackey, vinculado como testigo experto en la disputa por Loma de Níquel, recordó que antes de la incautación se reportaban 33,1 millones de toneladas de reservas de mineral con 1,47% de níquel, además de presencia de cobalto en menor proporción.
Aun así, especialistas subrayan que los principales cuellos de botella actuales son políticos e institucionales, más que geológicos: falta de seguridad jurídica, contratos poco ejecutables y riesgos asociados a sanciones e inseguridad en regiones mineras.
El oro: enorme potencial, datos escasos y operación mayormente informal
Una de las señales de interés reciente se reflejó en el mercado: Bloomberg reportó que Gold Reserve evalúa ofertas vinculadas a sus depósitos Brisas y Siembra Minera, mientras mantiene procesos de compensación en arbitraje.
Pero medir el potencial real es difícil. Un análisis del CSIS estima que Venezuela tendría alrededor de 75 millones de onzas de oro en el subsuelo (cerca de 2.343 toneladas), a partir de datos a nivel de activos; al mismo tiempo advierte que la información es limitada y a menudo “conflada” o poco consistente.
Como referencia, cifras del USGS citadas en el mismo análisis sitúan a Perú en torno a 2.500 toneladas y a Brasil cerca de 2.400 toneladas de reservas auríferas.
En la práctica, la actividad formal sería reducida: el CSIS indica que, de 24 minas auríferas identificadas con datos de reservas, solo dos estarían activas, mientras la mayoría se mantiene inactiva o suspendida.
En paralelo, la producción se sostiene principalmente por minería artesanal y de pequeña escala, en un entorno donde pesan la informalidad y el control territorial de actores irregulares, según diversos análisis citados por prensa especializada.
Nacionalización, arbitrajes y proyectos “con cicatrices”
El colapso del sector se asocia a la ola de nacionalizaciones y expropiaciones de la era Chávez, que afectó a varias compañías extranjeras y dejó un legado de litigios. The Northern Miner recuerda, por ejemplo, la disputa de Anglo American por Loma de Níquel y otros casos emblemáticos de proyectos auríferos tomados por el Estado.
Este historial explica por qué, aun con una nueva etapa política, el capital “de primera línea” podría demorar en volver: se requiere reconstruir credibilidad regulatoria, derechos de propiedad, permisos y mecanismos de resolución de controversias.
Arco Minero del Orinoco y bauxita: potencial vs. conflictos
Gran parte de los minerales venezolanos se concentra en el Arco Minero del Orinoco, una zona que se ha asociado con minería ilegal y presiones socioambientales, según análisis internacionales.
En bauxita, el CSIS destaca el área de Los Pijiguaos (la única operación de bauxita operativa señalada en el análisis), con un potencial estimado de hasta 6.000 millones de toneladas de recursos probables.
“Más de una década” para cambios significativos
Un punto clave de los analistas es el tiempo. BMI (Fitch Solutions) sostiene que incluso con la salida de Maduro no ve “upside” relevante para el sector minero en el período 2026–2035, debido a años de subinversión, deterioro de infraestructura y riesgos de seguridad en zonas mineras.
La paradoja, según BMI, es que las gigantescas reservas petroleras del país podrían actuar como un “imán” más inmediato para capital y capacidad operativa, relegando la minería a un segundo plano por sus mayores plazos y complejidades de desarrollo.
Qué condiciones serían necesarias para un “renacer” minero
En síntesis, el consenso técnico apunta a que un repunte minero requeriría, como mínimo:
- un marco legal y judicial predecible y ejecutable;
- seguridad en territorios mineros y reducción de economías ilegales;
- acceso a financiamiento y normalización operativa (energía, transporte, puertos);
- y transparencia de datos geológicos y de activos para reactivar exploración seria.
Venezuela podría tener una base geológica comparable a grandes vecinos mineros en oro y otros minerales, pero el mensaje de los analistas es claro: sin reformas profundas y reconstrucción institucional, la oportunidad seguirá siendo más potencial que realidad en el corto plazo.
Fuente: Reporte Minero

