Fernando Cortez, gerente general AIA:“Durante décadas hubo una falta de sintonía entre el desarrollo productivo y el desarrollo territorial”

El gerente general de la Asociación de Industriales de Antofagasta advirtió que el actual ciclo del cobre refuerza el rol estratégico de la región, pero también profundiza la tensión histórica entre su alto aporte fiscal y los bajos niveles de inversión pública que recibe.

El presente histórico de precios del cobre (US$5,8 la libra) y de demanda estructural al alza a nivel global está reforzando el rol estratégico de la Región de Antofagasta como principal polo minero del país, pero al mismo tiempo vuelve a tensionar una brecha histórica: la distancia entre el aporte económico que la región realiza a Chile y los niveles de inversión pública que recibe en retorno.

Así lo planteó el gerente general de la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA), Fernando Cortez, quien advirtió en entrevista en Timeline que la transición energética y la electrificación de la economía mundial están empujando una demanda por cobre que supera la capacidad productiva existente. 

El precio del cobre y su efecto en la economía regional

Según Cortez, el actual ciclo del cobre no solo impacta los resultados de las grandes compañías mineras, sino que tiene un efecto directo y transversal sobre la economía regional. “Cuando empujamos la minería, sabemos que estamos empujando la energía, los puertos, los proveedores y los servicios. Todo está absolutamente encadenado”, afirmó.

Este efecto multiplicador se ve amplificado por un ciclo de inversión de gran escala en minería, energía renovable, desalación y almacenamiento energético, configurando uno de los escenarios productivos más relevantes que haya enfrentado Antofagasta. “Estamos frente a un escenario que probablemente nunca hemos tenido antes por su envergadura”, sostuvo.

Sin embargo, Cortez enfatizó que “esta región aporta muchísimo y lidera en inversión y producción, pero en materia social y de infraestructura todavía tenemos mucho por avanzar. Esa sensación en la comunidad es legítima”.

El dirigente gremial explicó que esta brecha no es solo coyuntural, sino que tiene raíces históricas asociadas al antiguo modelo de minería de enclave. “Durante décadas hubo una falta de sintonía entre el desarrollo productivo y el desarrollo territorial, y eso dejó una carga cultural que todavía pesa”, afirmó.

Pese a la existencia de liderazgo productivo, Cortez reconoció que la región arrastra una tensión estructural persistente. De acuerdo con cálculos de la AIA, la relación entre lo que Antofagasta aporta al país —sumando impuestos de la minería privada y excedentes de Codelco— y lo que recibe en inversión pública alcanza actualmente una proporción cercana a 16 a 1.

Más proyectos, no sólo más recursos

No obstante, Cortez descartó una estrategia basada exclusivamente en la demanda política de mayores recursos y apuntó a un desafío más estructural. “El lenguaje de la inversión es el lenguaje de los proyectos. La mejor forma de sentarse con el gobierno central es llegar con una cartera estratégica, técnicamente sólida y consensuada”, subrayó.

En esa línea, advirtió que la capacidad de ejecución regional es clave para transformar el ciclo del cobre en desarrollo sostenible. “Si no llegamos con proyectos bien formulados, nos sumamos a la fila de regiones que se sienten postergadas, y eso no resuelve el problema de fondo”, concluyó.