Chile enfrenta una de las sequías más prolongadas de su historia, con impactos que ya afectan la viabilidad de sectores estratégicos. Según Rafael Palacios, director ejecutivo de la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES), el país sigue viviendo “de sus reservas hídricas”, en una situación que es insustentable a mediano plazo. A pesar del escenario crítico, el agua no figura como prioridad en los programas de los presidenciables, lo que evidencia una desconexión entre la realidad hídrica y la planificación política.
El agua como insumo estratégico
Más del 60% de los productos que exporta Chile están vinculados al uso intensivo de agua. La minería, la agricultura, los centros de datos y el turismo requieren suministro hídrico continuo y confiable. En este contexto, la infraestructura hídrica, como la desalación y el reúso, se vuelve un componente crítico para asegurar la competitividad nacional.
“Sin agua, cualquier idea de crecimiento económico en Chile es una utopía. Más del 60% de nuestras exportaciones dependen del recurso hídrico y, sin una fuente segura y constante, no podemos hablar de desarrollo», advierte Palacios.
De las 26 plantas desaladoras actualmente operativas en el país, más del 85% abastece a la industria minera. Esta ha sido clave para el desarrollo de la desalación en Chile y hoy lidera la transición hacía proyectos multipropósito, que buscan abastecer también a comunidades, sistemas APR y otros sectores productivos. Casos como Aguas Pacífico muestran cómo la minería puede ser la palanca para democratizar el acceso a fuentes no convencionales de agua.
Permisología y regulación: el cuello de botella
La burocracia es uno de los principales obstáculos para acelerar la infraestructura hídrica. Palacios destaca que los proyectos de desalación enfrentan demoras de hasta 10 años, debido a procesos permisológicos extensos y una regulación sanitaria aún no adaptada al reúso. Aunque existen iniciativas legislativas como la nueva concesión de regeneración de agua, aún falta una revisión profunda del marco tarifario y normativo.
En paralelo a la desalación, la reutilización de aguas servidas comienza a ganar espacio. El proyecto adjudicado en Antofagasta por SACYR es pionero en esta línea, pero enfrenta barreras como la falta de certeza legal en infraestructura sanitaria y dificultades de financiamiento. Para Palacios, el reúso es una solución viable, pero requiere condiciones de inversión estables y seguridad normativa para despegar.
Conciencia y percepción ciudadana
Aunque hay alta preocupación por el cambio climático y la sequía, el conocimiento público sobre desalación y reúso es bajo, según estudios de ACADES. Un 20% de la población aún desconoce que existe desalación en Chile. Además, persisten percepciones erróneas sobre el impacto ambiental de estas tecnologías, pese a que no existen evidencias de efectos significativos en el medio marino por operación de plantas.
La minería proyecta duplicar su uso de fuentes no convencionales de agua al 2035, reduciendo su dependencia de recursos continentales. Esta transición hídrica, según Palacios, requiere políticas públicas claras, inversiones oportunas y planificación estratégica. Sin una acción decidida, el país arriesga perder competitividad y profundizar la crisis hídrica que ya afecta a amplias regiones del territorio nacional.
Fuente: Reporte Minero