Minería chilena invierte US$25.600 millones en transformación hídrica

64 proyectos de desalinización y reúso de aguas impulsan la seguridad hídrica de la industria minera en Chile, con demanda proyectada de 20,6 m³/s al 2034.

La industria minera chilena está acelerando una transformación hídrica sin precedentes. Un total de 64 proyectos de desalinización, reúso de aguas residuales y conducción de agua de mar —identificados en 2025 por la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES) y la Corporación de Bienes de Capital (CBC)— movilizan inversiones aproximadas de US$25.600 millones para fortalecer la seguridad hídrica operacional en un contexto de creciente escasez de recursos continentales.

La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) proyecta que el consumo de agua en la minería del cobre alcanzará los 20,6 m³/s al año 2034, reflejando una tasa de crecimiento promedio anual de 1,2% entre 2025 y 2034. Este escenario impulsa la adopción de infraestructura no convencional que reduce la dependencia de acuíferos y cuerpos de agua dulce, especialmente en regiones donde la disponibilidad hídrica es limitada.

Agua como factor estratégico desde el diseño

La evaluación de fuentes de abastecimiento hídrico se ha posicionado como un elemento central en las primeras etapas de planificación de proyectos mineros. Según Diana Ewing, Water Solutions Manager de Ausenco —compañía global de ingeniería especializada en minería—, «la fuente de abastecimiento de agua debe evaluarse desde las etapas iniciales de planificación e ingeniería. Esto permite integrar completamente en el diseño del proyecto la infraestructura de captación, tratamiento, bombeo, almacenamiento y distribución, reduciendo los riesgos asociados a modificaciones posteriores».

Los avances en eficiencia energética y la integración de energías renovables en sistemas de desalinización están ampliando el abanico de soluciones disponibles. El uso de aguas residuales tratadas y sistemas de menor requerimiento energético permiten desarrollar operaciones más flexibles y sostenibles, explicó Ewing.

Casos de referencia en operaciones activas

La implementación de estas soluciones ya está presente en operaciones mineras estratégicas de Chile. Ausenco ha participado en el sistema de suministro de agua de mar más grande actualmente en operación para una de las principales compañías mineras del país, así como en el proyecto Quebrada Blanca Fase 2 (QB II), que incorporó agua desalinizada para abastecer una operación de gran altitud.

Ambos casos demuestran cómo las fuentes de agua no continentales se han convertido en componentes críticos para garantizar continuidad operacional y resiliencia hídrica de largo plazo. La experiencia de Ausenco abarca todo el ciclo de vida de proyectos de agua de mar y desalinización: desde estudios iniciales y evaluación de alternativas hasta integración de sistemas, estrategias de eficiencia energética y optimización operacional.

Desafíos regulatorios y proyección futura

«Nuestra experiencia abarca todo el ciclo de vida de proyectos de agua de mar y desalinización, desde estudios iniciales y evaluación de alternativas hasta la integración de sistemas, estrategias de eficiencia energética y optimización operacional. Esto ayuda a reducir riesgos, generar sinergias con otros activos mineros y fortalecer la resiliencia hídrica de las operaciones», señaló Ewing.

La expansión de esta infraestructura hídrica plantea desafíos regulatorios significativos. Para la experta de Ausenco, brindar mayor certeza a inversionistas, operadores y comunidades será esencial para facilitar el desarrollo de proyectos de largo plazo y mejorar la previsibilidad durante la ejecución.

Con demanda de agua en constante crecimiento y disponibilidad limitada de recursos continentales, la desalinización, el reúso y los sistemas de conducción de agua están adquiriendo un papel estratégico en la planificación minera chilena. «El desafío será desarrollar sistemas resilientes capaces de garantizar el suministro de agua durante toda la vida útil de un proyecto, al tiempo que se mejora la eficiencia operacional y se reducen los impactos sobre las fuentes de agua dulce», concluyó Ewing.