Negociaciones en Escondida y en medio de fuerte caída de producción de cobre: académico UDD advierte sobre posibles huelgas

Las eventuales paralizaciones se producen en un escenario particularmente desafiante para la minería chilena: en agosto, la producción de cobre alcanzó su menor nivel mensual desde febrero de 2011 y la actividad minera se contrajo 17,4%. El académico Ronald Guzmán advierte sobre los efectos que podrían tener las huelgas en la producción, las exportaciones y la economía regional.

La minería del cobre enfrenta un escenario especialmente complejo durante 2026. En agosto, Chile produjo 369.500 toneladas métricas de cobre, volumen que representa una caída de 13% respecto de igual mes de 2025 y de 8% frente a julio. Se trata, además, del menor nivel mensual de producción desde febrero de 2011.

El retroceso de la minería se reflejó también en el desempeño de la actividad económica. Durante agosto, el Imacec cayó 1,0% en doce meses, mientras que la actividad minera registró una contracción de 17,4%, explicada principalmente por la menor extracción de cobre.

En este contexto se desarrollan las negociaciones colectivas en dos operaciones de alta relevancia para la producción nacional: Escondida y Centinela. Una eventual paralización de ambas faenas podría profundizar la caída productiva y generar efectos adicionales sobre exportaciones, proveedores, recaudación fiscal y actividad económica.

En una entrevista con EL Periodista, el académico de la Universidad del Desarrollo Ronald Guzmán sostiene que el deterioro de las perspectivas para la producción cuprífera durante este año ha sido mayor al previsto inicialmente.

“A comienzos de año, Cochilco proyectaba para Chile cerca de 5,6 millones de toneladas en 2026, es decir, un crecimiento. En mayo la proyección se ajustó a una caída de 2,0%, a 5,3 millones de toneladas, y en agosto a 5,27 millones de toneladas, una baja de 2,6%. En ocho meses pasamos de esperar crecimiento a esperar contracción, una corrección de aproximadamente 330 mil toneladas”, señala Guzmán.

De acuerdo con el académico, algunos de los factores detrás de la menor producción ya eran conocidos, entre ellos la declinación de leyes en Escondida, mantenciones programadas y restricciones productivas en otras operaciones. Sin embargo, plantea que la magnitud y duración de algunas interrupciones han terminado siendo superiores a las estimadas inicialmente.

Con los niveles de producción registrados durante julio y agosto, en la entrevista en El Periodista Guzmán estima que Chile podría cerrar 2026 con una producción de entre 5,0 y 5,1 millones de toneladas de cobre, lo que implicaría una caída de entre 6% y 8%. Esta estimación, precisa, no incorpora un eventual impacto asociado a las huelgas.

Escondida concentra el principal riesgo productivo

La situación de Escondida adquiere especial relevancia por el peso de la operación dentro de la producción nacional. Según los antecedentes entregados por Guzmán, la faena produjo 1.261.000 toneladas durante el año fiscal 2026 y representa aproximadamente una cuarta parte de la producción chilena de cobre.

En ese contexto, el académico advierte que una eventual huelga de los supervisores podría tener consecuencias relevantes sobre la continuidad operacional de la faena.

“Una huelga de supervisores no es una huelga menor. El presidente del sindicato sostiene que generaría una paralización prácticamente completa. Además, el Sindicato de Operadores y Mantenedores, con unos 2.300 trabajadores, podría plegarse, dado que ambos dependen funcionalmente de la misma línea de jefaturas. Desde la perspectiva de la seguridad minera, operar una faena de esa escala sin su línea de supervisión es, en la práctica, inviable”, afirma.

El escenario también se sigue de cerca en Centinela. Los sindicatos involucrados suman 708 socios y actualmente se encuentran en mediación, con una eventual huelga que podría comenzar el 13 de octubre. Para 2026, la compañía proyectaba una producción de entre 195.000 y 215.000 toneladas de cobre.

Según Guzmán, una paralización total y simultánea de Escondida y Centinela significaría dejar de producir del orden de 3.500 toneladas de cobre por día, equivalentes a unas 100 mil toneladas mensuales.

Efectos sobre producción, exportaciones y proveedores

El impacto de una eventual huelga no se limitaría al volumen de cobre que dejaría de producirse. Una interrupción de estas características también tendría efectos sobre las exportaciones, la recaudación tributaria y la actividad de contratistas y proveedores asociados a las operaciones.

Uno de los principales antecedentes es la huelga de Escondida de 2017, que se extendió durante 44 días. Ese episodio coincidió con una contracción de 1,3% de la actividad económica en febrero de ese año, según recuerda Guzmán.

“Como orden de magnitud, cada mes de paralización total de Escondida restaría alrededor de 0,2 puntos al crecimiento anual del PIB. A eso se suman menores exportaciones, menor recaudación tributaria y efectos en contratistas y proveedores. El agravante es el momento: ocurriría sobre un año ya calificado por el propio Gobierno como de ‘recesión del cobre’”, plantea.

La magnitud del eventual impacto debe entenderse, además, en un escenario en que la producción nacional ya acumula una trayectoria descendente y las proyecciones para el cierre del año han sido corregidas a la baja.

Antofagasta enfrenta un escenario especialmente sensible

Los efectos potenciales adquieren una dimensión adicional en la Región de Antofagasta, donde la actividad económica ya muestra un deterioro asociado al desempeño minero. Durante el segundo trimestre, el PIB regional registró una contracción de 6,3%, explicada principalmente por la minería del cobre y, en segundo lugar, por la construcción. En el mismo período, los menores envíos de cobre también contribuyeron a una caída de 8,3% en las exportaciones de bienes.

Según la entrevista dada por Guzmán a El Periodista, Escondida y Centinela concentran cerca de la mitad de la producción cuprífera regional. Una paralización simultánea, por lo tanto, tendría efectos que excederían a las propias faenas y alcanzarían a parte importante de la cadena de servicios asociada a la minería.

“Una paralización simultánea de un mes podría restar varios puntos adicionales al PIB regional del cuarto trimestre. La región encadenaría así tres o cuatro trimestres consecutivos de contracción. El efecto no se queda en la faena. Alcanza a contratistas, transporte, puertos, comercio y servicios en Antofagasta y Calama, en una región que concentra el 50% del empleo de la gran minería del país”, señala.