El doctor Rodrigo Estay, académico del Departamento de Ingeniería en Minas de la Universidad de Santiago, afirmó que la causa más plausible del derrumbe en el proyecto Andesita es un evento sísmico provocado por la propia actividad minera. Según el especialista, se trató de un sismo de magnitud 4,3, el más grande registrado en la historia de la faena, ocurrido a unos 300 metros del lugar donde trabajaban los mineros fallecidos.
Dos sectores afectados
Estay precisó que el primer trabajador fallecido se encontraba en el sector Andesita, en desarrollo y sin producción activa, mientras que los otros cinco se encontraban en el sector Recursos Norte, realizando labores de reforzamiento de galerías. El colapso habría sido originado por un estallido de roca, fenómeno que expulsa material a alta velocidad y puede afectar zonas cercanas.
La División El Teniente, con 4.500 kilómetros de túneles y 120 años de historia, se desarrolla en torno a la denominada Pipa Braden, un cuerpo geológico no mineralizado alrededor del cual se explotan los sectores productivos. El accidente ocurrió en áreas de desarrollo a cotas superiores al nuevo nivel mina, donde se concentran actualmente trabajos de gran profundidad.
Minería a 1.200 metros de profundidad
El experto recordó que las labores actuales se realizan a más de 1.200 metros bajo la superficie, lo que incrementa los esfuerzos sobre las galerías y favorece la ocurrencia de microsismos. Estos eventos, de magnitudes menores a 2, pueden tener efectos significativos en ambientes subterráneos debido a su proximidad. “El cerro avisa”, señaló, aludiendo a los crujidos y ruidos que anteceden algunos estallidos de roca.
Monitoreo sísmico 24/7
El Teniente cuenta con una red de sensores sísmicos instalados en distintas galerías, que transmiten datos en tiempo real a operadores especializados. Estos sistemas permiten establecer criterios de alerta para determinar si es seguro o no el ingreso a determinadas labores. La ausencia o exceso de sismicidad también es evaluada, ya que ambos escenarios pueden indicar cambios inusuales en la estabilidad del macizo rocoso.
“Este accidente va a implicar cambios en seguridad y en la forma de explotar el nuevo sector. Es seguro que se revisarán los protocolos y el monitoreo microsísmico”, advirtió Estay.
Cambios tras el accidente
El académico proyectó que la investigación técnica y judicial derivará en ajustes operacionales y de seguridad. Si bien descartó un eventual cierre de la mina, anticipó que se revisarán los protocolos de explotación en profundidad, la respuesta de los sistemas de monitoreo y las estrategias para reducir el riesgo asociado a la sismicidad inducida.
Fuente: Reporte Minero

