El aumento sostenido de las temperaturas en distintas zonas del país ya no es solo un desafío de confort: se está convirtiendo en un factor crítico de seguridad y salud ocupacional, especialmente en trabajos en altura. A los riesgos propios de estas faenas —exposición a caídas, maniobras con herramientas, superficies irregulares y uso de sistemas anticaídas— se suma un elemento muchas veces subestimado: el estrés térmico, capaz de deteriorar el rendimiento físico y mental y elevar la probabilidad de errores en tareas donde “no hay margen”.
La alerta no es menor. El Instituto de Salud Pública (ISPCh) viene reforzando recomendaciones para trabajadores expuestos a altas temperaturas, incluyendo medidas como aclimatación, hidratación adecuada y la implementación de un “Programa de Acción de Calor en el Trabajo” ajustado a cada faena.
Por qué el calor extremo vuelve más peligroso el trabajo en altura
El estrés térmico no se reduce a “pasar calor”. En condiciones de alta temperatura, el organismo compensa con sudoración y mayor demanda cardiovascular, lo que puede derivar en fatiga prematura, deshidratación, mareos y disminución de la atención. En trabajos en altura, esos efectos se vuelven especialmente críticos: un paso mal dado, un anclaje mal verificado o una decisión tardía puede terminar en una caída.
Organismos internacionales de seguridad y salud ocupacional advierten que el calor puede afectar el desempeño cognitivo, generando confusión, menor capacidad para tomar decisiones y reducción del rendimiento.
En sectores como construcción, minería, energía y telecomunicaciones, donde las tareas se realizan al aire libre y con exposición directa al sol, la combinación de radiación, carga física y equipamiento de protección personal puede aumentar el riesgo de incidentes: manos sudorosas, lentes empañados, fatiga y pérdida de coordinación son condiciones que elevan la probabilidad de accidentes.
“La prevención comienza mucho antes de subir a una estructura”
“Cuando se trabaja en altura, cualquier disminución en la capacidad física o mental puede tener consecuencias inmediatas. El calor extremo obliga a elevar los estándares de seguridad y a entender que la prevención comienza mucho antes de subir a una estructura”, sostiene José Miguel Bustamante, gerente general de Segma.
La frase resume un punto clave: el control del riesgo no parte en el arnés, sino en la planificación (horarios, pausas, hidratación, supervisión, evaluación del entorno y monitoreo del estrés térmico).
Marco preventivo en Chile: radiación, calor y obligaciones del empleador
En Chile existen lineamientos y exigencias que empujan a las empresas a gestionar el calor como riesgo laboral:
- Campañas y recomendaciones sanitarias: el Ministerio de Salud ha reforzado medidas preventivas frente a altas temperaturas, como evitar la exposición prolongada al sol en horarios críticos y mantener hidratación constante.
- Deber de protección en días de calor: la Dirección del Trabajo ha recordado medidas que deben adoptar los empleadores para proteger a trabajadores expuestos al sol, incluyendo uso de protector solar y otras acciones preventivas.
- Fiscalización y sanciones: la DT también ha advertido que el incumplimiento de medidas de higiene y seguridad durante episodios de temperaturas extremas puede exponer a empleadores a multas.
- Gestión del estrés térmico: el ISPCh dispone de un Protocolo para la medición de estrés térmico, que se vincula con lo establecido en el D.S. N°594 sobre condiciones sanitarias y ambientales en los lugares de trabajo.
- Recomendaciones de prevención: SUSESO difundió medidas para el calor, incluyendo capacitación en signos y síntomas y verificación entre compañeros para asegurar hidratación y detección temprana de problemas.
En paralelo, cuando la exposición es al aire libre, se cruza además el control por radiación UV, con acciones preventivas como protección solar y controles administrativos, que se complementan con la gestión del estrés térmico.
Qué medidas están marcando la diferencia en faenas en altura
Especialistas coinciden en que enfrentar calor extremo requiere ir más allá del “cumplimiento básico” y adoptar una mirada integral (persona–entorno–equipos). Entre las medidas más efectivas:
- 1) Planificación operacional según clima
Ajustar jornadas y tareas críticas a horarios de menor carga térmica (por ejemplo, evitar las horas de mayor radiación cuando sea posible). - 2) Programa de Acción de Calor
Contar con un protocolo escrito por faena, que considere ambiente, esfuerzo físico y vestimenta/equipos, tal como recomienda el ISPCh. - 3) Monitoreo del estrés térmico
Medición y control con metodología formal (p. ej., protocolos de medición y evaluación del riesgo térmico asociados al marco del D.S. 594). - 4) Hidratación y pausas programadas
Acceso permanente a agua, descansos en sombra/áreas frescas y supervisión activa del cumplimiento. - 5) Capacitación y “buddy system”
Entrenar a equipos para reconocer síntomas tempranos (agotamiento/golpe de calor) y aplicar verificación entre compañeros. - 6) Revisión del uso de EPP en calor
Asegurar que el equipamiento (arneses, cascos, guantes, antiparras) se use correctamente pese a sudoración/fatiga; y reforzar controles antes de trabajos críticos.
Olas de calor: de evento aislado a nueva normalidad
El calor extremo está dejando de ser una excepción y se está convirtiendo en una condición más frecuente. En ese escenario, adaptar protocolos, fortalecer la cultura preventiva y gestionar el factor humano se vuelve decisivo para reducir accidentes y proteger la vida de quienes trabajan en altura.
Fuente: Reporte Minero

