La minería nacional necesitará aumentar su consumo eléctrico más del doble que su producción de cobre durante la próxima década. Menores leyes, mayor dureza del mineral, concentración y bombeo de agua de mar explican una parte creciente de la nueva ecuación operacional.
La próxima década presenta una aparente paradoja para la minería nacional: producir más cobre requerirá un aumento proporcionalmente mucho mayor de electricidad.
Entre 2025 y 2034, la producción de cobre fino crecería 8,3%, mientras el consumo eléctrico del sector aumentaría 20,2%, desde 27,6 TWh hasta 33,2 TWh, según las proyecciones más recientes de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco).
Detrás de esa diferencia no existe una sola causa. La combinación de menores leyes minerales, mayor dureza del recurso, agotamiento de óxidos, crecimiento de la concentración y expansión del uso de agua de mar está cambiando estructuralmente la forma de producir cobre.
En términos simples: la minería deberá realizar un esfuerzo operacional creciente para transformar el recurso geológico en la misma tonelada de producto final.
La producción subirá 8,3%, pero la electricidad 20,2%
La diferencia entre ambas curvas es una de las señales más claras del desafío operacional que enfrenta el sector.
Cochilco proyecta que la producción avanzará hasta cerca de 6 millones de toneladas hacia el final del horizonte analizado, con un máximo de 6,06 millones de toneladas en 2033, apoyada en proyectos de reposición, expansiones y nuevos desarrollos.
Sin embargo, la demanda de electricidad crecerá bastante más rápido. El consumo pasaría de 27,6 TWh en 2025 a 33,2 TWh en 2034, incremento explicado por factores estructurales que van más allá de un simple aumento de la producción.
La propia Cochilco identifica entre esos factores la disminución sostenida de las leyes minerales y la mayor dureza del recurso. Ambas condiciones obligan a procesar mayores volúmenes de mineral para mantener la producción de cobre fino, elevando especialmente los requerimientos de molienda y concentración.
El problema comienza con una ecuación sencilla: más roca por la misma cantidad de cobre
Una menor ley significa que cada tonelada de material extraído contiene menos metal. Por ejemplo, en términos puramente ilustrativos, un mineral con una ley de 1% contiene teóricamente diez kilos de cobre por tonelada antes de considerar recuperaciones metalúrgicas. Con una ley de 0,5%, sería necesario procesar aproximadamente el doble de mineral para acceder a la misma cantidad teórica de metal contenido.
En una operación real, esa diferencia se multiplica a escala industrial: más perforación, tronadura, carguío, transporte, chancado, molienda, agua, reactivos y disposición de residuos mineros.
Es precisamente en la etapa de concentración donde comienza a observarse la mayor presión energética. Para 2034, Cochilco proyecta que este proceso consumirá 18,1 TWh, equivalentes al 55% de toda la electricidad utilizada por la minería del cobre.
Los concentrados ganan espacio mientras retroceden los cátodos electro-obtenidos
La transformación también tiene una dimensión geológica y tecnológica. La producción de concentrados de cobre aumentaría 15,8% entre 2025 y 2034, hasta alcanzar cerca de 5 millones de toneladas de cobre fino contenido, mientras la producción de cátodos electro-obtenidos disminuiría 20,7%, hasta 885.000 toneladas.
La razón estructural está asociada, entre otros elementos, al agotamiento progresivo de minerales oxidados y al mayor peso de los sulfuros en la futura producción.
Los óxidos pueden ser tratados principalmente mediante procesos hidrometalúrgicos como lixiviación, extracción por solventes y electro-obtención. Los minerales sulfurados requieren normalmente etapas de chancado, molienda y flotación para producir concentrados.
Ese cambio importa porque la concentración es altamente intensiva en electricidad.
Cochilco proyecta que la energía destinada a producir concentrados aumentará desde 20,5 TWh en 2025 hasta 26 TWh en 2034, elevando su participación del 75% al 78% del consumo eléctrico sectorial.
El agua de mar resuelve una restricción, pero agrega otra demanda energética
La segunda gran transformación ocurre fuera de la planta concentradora. La minería del cobre está sustituyendo progresivamente fuentes continentales por agua de mar.
Cochilco estima que el consumo hídrico total del sector aumentará desde 18,5 m³/s en 2024 hasta 20,6 m³/s en 2034. Sin embargo, el cambio más profundo estará en la composición: la participación del agua de mar pasaría de 40,7% a 67,6% del suministro total.
La transformación reduce la presión sobre acuíferos y aguas superficiales del norte del país, pero introduce una nueva exigencia: transportar grandes volúmenes desde la costa hasta faenas que pueden estar ubicadas cientos de kilómetros tierra adentro y a gran altura.
Desalinizar es solo parte de la ecuación. También se requiere bombear. Por ello, Cochilco proyecta que el consumo eléctrico vinculado al uso de agua de mar alcanzará 5,4 TWh en 2034, posicionándose como el segundo gran factor de crecimiento de la demanda eléctrica minera después de la concentración.
El desafío ya no está solamente dentro de la mina
Los datos muestran una transformación importante para el desarrollo de nuevos proyectos. Durante décadas, el análisis de una operación se concentraba principalmente en la calidad del yacimiento, la recuperación metalúrgica, los costos mineros y el precio esperado del metal.
Hoy, la infraestructura habilitante adquiere un peso creciente. Una operación puede tener reservas, permisos y una planta técnicamente viable, pero su desarrollo también depende de contar con:
energía suficiente y estable, capacidad de transmisión, fuentes hídricas sostenibles, plantas desalinizadoras, sistemas de impulsión, caminos, puertos y capacidad logística.
La proyección energética ilustra esta presión. Cochilco estima que, hacia 2033, la minería del cobre podría requerir hasta 931 MW adicionales de potencia eléctrica respecto de 2025, generando nuevas exigencias para la generación y transmisión del Sistema Eléctrico Nacional.
Antofagasta seguirá en el centro de la demanda eléctrica minera
La presión no será territorialmente uniforme. Antofagasta seguirá concentrando más de la mitad del consumo eléctrico de la minería del cobre, con una demanda sectorial que pasaría de aproximadamente 16,5 TWh en 2025 a 17,2 TWh en 2034.
Atacama presenta una trayectoria particularmente significativa: su consumo minero crecería desde 2,6 TWh hasta 4,8 TWh, mientras Tarapacá pasaría de 2,8 TWh a 3,8 TWh.
Esos aumentos coinciden con regiones donde se proyectan expansiones, reactivaciones y nuevos proyectos que requerirán no solo suministro eléctrico, sino también infraestructura hídrica y redes capaces de sostener consumos industriales de gran escala.
La minería será más limpia, pero no necesariamente menos intensiva
Al mismo tiempo que crece el consumo eléctrico por tonelada producida, la matriz de abastecimiento minero avanza hacia fuentes de menores emisiones.
Cochilco proyecta que hacia 2030 hasta 98,6% de la electricidad utilizada por la minería del cobre podría provenir de fuentes renovables, impulsada por compromisos de descarbonización y contratos de suministro de largo plazo.
Esto significa que descarbonización y eficiencia no son exactamente el mismo problema. Una operación puede reducir la huella de carbono de su suministro eléctrico y, al mismo tiempo, necesitar más electricidad para mover, chancar y moler mayores volúmenes de mineral o impulsar agua desde la costa.
La industria será potencialmente más limpia en términos de origen de la electricidad, pero operará sobre yacimientos más complejos y con mayores exigencias físicas.
Fuente: Reporte minero
