Cuando una persona abre la llave en Antofagasta, cada vez es más probable que el agua que recibe haya venido del mar. Lo mismo ocurre en una parte creciente de la minería del norte de Chile, donde la ósmosis inversa se ha transformado en una tecnología estratégica para enfrentar la escasez hídrica y reducir la presión sobre ríos y acuíferos. Antofagasta y Mejillones ya pasaron a abastecerse 100% con agua desalada, con una capacidad de producción de 1.436 litros por segundo, según informó el Ministerio de Obras Públicas y medios económicos.
En términos simples, la ósmosis inversa es un proceso que permite desalar agua de mar. Para lograrlo, el agua es sometida a alta presión y obligada a pasar por membranas semipermeables que retienen sales, minerales y otras impurezas. El resultado es agua apta para uso industrial o, con el tratamiento correspondiente, para consumo humano. Ese principio técnico es hoy una de las bases de la expansión de la desalación en Chile, especialmente en el norte grande.
Por qué la ósmosis inversa hoy importa tanto en Chile
La relevancia de esta tecnología no responde solo a un avance técnico. Su importancia crece porque Chile enfrenta una combinación compleja de estrés hídrico, demanda urbana, actividad minera y necesidad de proteger fuentes continentales. En ese contexto, cada litro de agua de mar desalinizada que entra al sistema productivo o sanitario es un litro menos que debe extraerse desde ríos, embalses o acuíferos.
En minería, esta transición ya es visible. Datos oficiales publicados en el Diario Oficial con base en información sectorial señalan que en 2023 los ingresos de agua en la minería chilena alcanzaron 73,02 m³/s, y que 74,2% correspondió a agua de mar, lo que confirma el cambio estructural en la matriz hídrica del sector.
Ese giro tiene un peso especial porque, aunque la minería ha enfatizado que su uso de aguas continentales es acotado frente al total nacional, hoy la discusión ya no pasa solo por cuánto consume, sino por cómo reemplaza progresivamente esas fuentes en zonas donde el agua dulce es cada vez más escasa. La desalación, en ese escenario, aparece como una herramienta central para compatibilizar producción y resguardo del recurso.
Cómo funciona la ósmosis inversa
El sistema capta agua de mar, la somete a etapas previas de filtrado y luego la impulsa contra membranas capaces de separar la sal del agua. Ese proceso requiere energía, infraestructura y manejo técnico, pero se ha consolidado por su eficacia y por la mejora continua de las tecnologías de membranas.
En Chile, la ósmosis inversa se ha masificado tanto en el ámbito sanitario como en el minero. Antofagasta comenzó a producir agua potable desde el mar en 2003, y con la ampliación inaugurada en 2025 se convirtió en la primera ciudad latinoamericana de gran tamaño abastecida completamente con agua desalada.
La minería empuja una nueva etapa de la desalación
Uno de los sectores que más ha acelerado esta transformación es la minería. El caso de Codelco es uno de los más emblemáticos. La estatal adjudicó en 2022 la construcción de su planta desalinizadora para el Distrito Norte, ubicada al sur de Tocopilla, con el objetivo de abastecer operaciones como Chuquicamata, Radomiro Tomic y Ministro Hales. En sus reportes de sostenibilidad y memoria corporativa, la compañía ha reiterado que esta infraestructura es clave para disminuir su dependencia de aguas continentales y avanzar hacia la meta de que, al 2035, menos del 10% del agua que utilice provenga de esas fuentes.
A ello se suma Lundin Mining Candelaria, en la Región de Atacama. La compañía opera desde 2013 la primera planta desalinizadora de Atacama para uso minero-industrial y hoy abastece sus procesos con 100% de agua desalada. Además, ha reportado niveles de reutilización cercanos al 90% en su operación local, reforzando su estrategia de eficiencia hídrica en una de las zonas con mayor presión sobre el recurso.
Otro caso relevante es Collahuasi, cuyo proyecto de desalación contempla una planta, cerca de 200 kilómetros de tuberías y estaciones de bombeo para impulsar agua desde la costa hasta faenas ubicadas a casi 5.000 metros de altura. Esa escala muestra hasta qué punto el agua de mar está dejando de ser una alternativa complementaria para convertirse en una columna vertebral de la minería del norte.
Chile acelera su cartera de proyectos desaladores
El avance no se limita a casos aislados. Según cifras difundidas por actores del sector desalador en Chile, existe una cartera robusta de proyectos vinculados a esta industria, impulsados por necesidades sanitarias, industriales y mineras. La expansión responde a una realidad evidente: en gran parte del norte, la desalación ya no es una tecnología de nicho, sino una respuesta concreta frente a la sequía y la creciente competencia por el agua dulce.
Fuente Reporte Minero

