Álvaro Merino: “La inversión que se hace hoy solo alcanza para sostener la producción, no para crecer”

Chile volvió a ajustar su ruta hacia la meta de 6 millones de toneladas de cobre, en un escenario donde la producción se mantiene cerca de 5,4 millones desde hace dos décadas, pese al fuerte esfuerzo de inversión minera. En entrevista con Reporte Minero, el director ejecutivo de Núcleo Minero, Álvaro Merino Lacoste, atribuye este patrón a un conjunto de restricciones estructurales que han elevado la complejidad y el costo de sostener y expandir la industria.

Una industria que invierte para sostener, no para crecer

Merino sostiene que “cada día es más difícil hacer minería”, especialmente por menores leyes, mayor necesidad de capital y un entorno de normativas ambientales y comunitarias más exigente. A esto suma un factor que, a su juicio, se ha vuelto decisivo: el largo periodo de tramitación de los proyectos, que aumenta el uso de recursos y tiempo, afectando la velocidad con que se materializan expansiones y nuevas operaciones.

El diagnóstico apunta a una tensión de fondo: una porción relevante del gasto de capital está enfocada en mantener niveles de producción más que en generar crecimiento neto. “En el periodo 2004-2025, la producción de cobre prácticamente ha estado estancada… a pesar del enorme esfuerzo en inversión”, afirma, señalando que el resultado evidencia que el esfuerzo, tal como está hoy estructurado, no alcanza para empujar la curva productiva hacia arriba.

Los frenos estructurales: leyes, costos y permisos

Entre los principales factores que limitan el aumento de producción, Merino repite un set de variables que se retroalimentan: envejecimiento de faenasmenores leyes, mayores requerimientos de inversión, limitaciones al financiamiento, y exigencias socioambientales en aumento. Sin embargo, enfatiza que el “principal obstáculo” es la lenta tramitación de permisos, por el costo que implica en tiempo y recursos, y por la incertidumbre que agrega a las decisiones de inversión.

Desde su mirada de planificación de largo plazo, las palancas como mejoras operacionales, tecnología o expansiones brownfield pueden aportar, pero la base sigue siendo el capital:

“La mejor palanca para aumentar la producción es precisamente elevar la inversión, pues la inversión que hagamos hoy es la base del crecimiento futuro”. En ese marco, el debate se desplaza desde “qué proyecto” hacia “bajo qué condiciones” se puede ejecutar con predictibilidad.

Los riesgos de no recuperar una trayectoria de crecimiento productivo, agrega, no se limitan a la oportunidad económica de precios altos. Merino advierte que Chile seguiría perdiendo participación global en el cobre: recuerda que en 2004 el país aportaba cerca del 37% de la producción mundial de cobre de mina, y hoy estaría en torno al 24%, con el consiguiente impacto en influencia y competitividad en la cadena global.

Transición energética

En el contexto de transición energética, Merino proyecta un futuro “auspicioso” por la demanda asociada a electromovilidadenergías limpias y tecnologías ligadas a inteligencia artificial (como data centers), donde el cobre es un insumo crítico. Pero el punto, enfatiza, es que Chile debe estar “preparado” para responder: como primer productor mundial de cobre y segundo de litio, el desafío es convertir la ventaja geológica en capacidad real de oferta.

Merino plantea tres ejes: acelerar el otorgamiento de permisos, dar mayor certeza al proceso y crear mecanismos de estabilidad jurídica. A su juicio, si se ordena ese frente, el país puede dar un “impulso robusto” a la inversión y con ello a la producción, permitiendo que la minería retome un rol de motor de crecimiento con aporte en empleodivisas y recaudación fiscal.

Fuente: Reporte Minero